NAHIAEl aire se ha vuelto tan denso que siento que pesa sobre mi piel, la habitación palpita con un calor sordo, como si las paredes mismas contuvieran la respiración. Están ahí, muy cerca, sus presencias gemelas, sus miradas que me envuelven, una de sombra y gravedad, la otra de brillo y fuego. Apenas me tocan y, sin embargo, siento sus huellas por todas partes, en mis brazos, en mi nuca, hasta en mi vientre donde se eleva una fiebre que no reconozco.Sombra se ha acercado sin ruido, su mano rozando la manta como una promesa de caída, siento la tensión que atraviesa su torso, esa contención febril, casi dolorosa, y cuando sus dedos se detienen a unos centímetros de mí, el mundo se reduce a un latido, un aliento compartido.— Míranos, Nahia, susurra Tiniebla detrás de mí, su voz baja, acariciadora.Quisiera resistir, pero mis ojos se levantan por sí mismos. Sus siluetas se entrelazan, sus sombras se deslizan por la pared, superponiéndose como una sola forma en movimiento. Mi corazón
Leer más