GalaLa casa se sentía demasiado tranquila para lo que yo llevaba dentro.Julieta se había ido con Pedro y Juana a comprar la decoración, platos, globos y esas cosas pequeñas que, cuando uno las pone sobre una mesa, pueden fingir que el mundo sigue siendo normal. Salieron temprano, con una lista en la mano y, por suerte, sin hacer un alboroto por no haberles contado nada cuando llegué.Yo me quedé con Vicente que estaba en la sala, sentado en el suelo, armando una torre con bloques de colores. Hablaba solo, inventándose reglas, negociando con sus muñecos dinosaurios, repitiendo frases que había escuchado de sus programas favoritos. Me miraba cada tanto, como si quisiera asegurarse de que estaba bien, sin dejar de jugar. Me sonreía y volvía a lo suyo, me sorprendió que su cerebro pareciera haber decidido que lo de ayer fue un mal sueño, un encuentro que no debía quedarse, un ruido feo que había que borrar.Yo no podía hacer lo mismo.Tenía el cuerpo rígido, adolorido y la cabeza en ot
Leer más