GuilleDos meses podían ser nada o podían ser un mundo, dependiendo de dónde estuvieras parado. Adentro, dos meses eran la misma pared vista con distinta luz, el mismo ruido filtrándose por la misma rendija, el mismo cuerpo endureciéndose para no recordar que todavía sentía. Afuera, en cambio, dos meses eran decisiones, trámites, llamadas, firmas, nombres que se movían como fichas sobre un tablero que yo no veía. Yo solo veía el resultado cuando alguien abría una puerta.Me llamaron otra vez a la sala de visitas y, por un instante, pensé que era otro invento del sistema: otra conversación inútil, otro “estamos trabajando”, otro “paciencia”. Caminé por el pasillo con las manos atrás, con la espalda recta, con esa calma que había aprendido a construir para que nadie oliera la expectativa. Porque aquí la expectativa era sangre.Mi abogado ya estaba sentado cuando entré. Siempre igual: traje de otro color con el mismo corte, misma carpeta, misma cara de hombre que no se emociona con nada
Leer más