Gala
La casa se sentía demasiado tranquila para lo que yo llevaba dentro.
Julieta se había ido con Pedro y Juana a comprar la decoración, platos, globos y esas cosas pequeñas que, cuando uno las pone sobre una mesa, pueden fingir que el mundo sigue siendo normal. Salieron temprano, con una lista en la mano y, por suerte, sin hacer un alboroto por no haberles contado nada cuando llegué.
Yo me quedé con Vicente que estaba en la sala, sentado en el suelo, armando una torre con bloques de colores.