Al salir del edificio, encontró se percató al instante del coche destartalado que estaba estacionado a una cuadra, desentonando con la armonía del vecindario. Al lado, se encontraba Nancy de pie, mirándose en el vidrio de la puerta. Estaba tan concentrada en su reflejo que no advirtió la presencia de Alec hasta que estuvo a su lado.—¿Qué haces? —preguntó y, en tono de broma, añadió: —No pensé que fueras vanidosa.Lo dijo como si no tuviera importancia, aunque en realidad le resultaba extraño. Desde que tenía memoria, en la casa de Ágnes casi no había espejos, y el único que había visto en el baño permanecía siempre cubierto por una tela de color purpura. Debido a ello, había asumido que Nancy los evitaba, incapaz de soportar ver sus propias cicatrices.La mujer no respondió de inmediato, solo se quedó contemplando su reflejo unos segundos más, como si siguiera perdida en sus pensamientos. Finalmente, sin apartar la vista del cristal, habló:—Tienes razón.Alec frunció el ceño, sin c
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