Alec no podía dejar de mirarla; incluso después de lo que había hecho, cada uno de sus movimientos conservaba un aire aristocrático. Aquella frialdad volvía la escena aún más perturbadora y, aun así, le resultaba imposible apartar la vista.Kaelrya sacó un pañuelo blanco del bolsillo de su pantalón y se limpió la mano con lentitud, observándolos como si no fueran más que insectos indignos de su atención. Luego, sin apartar la vista de ellos, avanzó hacia el pequeño grupo.Pasó por encima del cadáver del cadáver, que ya casi estaba consumido por las llamas azules, sin mostrar el menor reparo al pisarlo. Allí donde sus pies se posaban, el fuego parecía abrirse para no tocarla.Solo cuando sus ojos se detuvieron en Alec, su expresión pareció suavizarse por un instante. Lo recorrió con la mirada lentamente, como si estuviera contemplando a alguien muy preciado.Cada detalle de su rostro analizó, deteniéndose incluso en sus gestos.La línea de la mandíbula no era tan marcada, pero la forma
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