El silencio que siguió a la propuesta del noble duró apenas unos segundos. Después, un murmullo contenido recorrió el salón mientras varios asistentes se volvían sin disimulo hacia quienes tenían a su lado para hablar en voz baja.Rhaerys se volvió entonces hacia Serethia y tomó su mano, alzándola lo suficiente para que todos pudieran ver el gesto.—Si decidí no marcarla —dijo, sin elevar la voz, mientras observaba a la joven—, fue para preservar su libre albedrío; no quiero que esté conmigo por imposición, sino por elección.Cuando volvió a mirar al noble, la calidez había desaparecido de sus ojos. Aunque el clan Nightscar era el único, después de la familia real, con el poder suficiente para convertir cualquier conflicto en un problema político, no pensaba tolerar semejante impertinencia. —Esa fue, y seguirá siendo, mi forma de demostrarle devoción —continuó, sin soltarle la mano—. Y deseo dejar algo claro desde este momento: solo el hijo que me dé mi Luna será el heredero a la cor
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