SANAANo necesito abrir los ojos para saber que todavía está ahí.Su brazo me rodea como una atadura suave. Su torso contra mi espalda es cálido, firme. Y entre mis muslos, aún siento las huellas de él.No duerme.Siento su aliento cálido contra mi nuca. Y ese peso, ahí, contra mis nalgas: Vivo, despierto, hambriento.Me muevo ligeramente, solo lo suficiente para provocarlo, para que se presione un poco más. Su mano se desliza sobre mi vientre. Sus dedos descienden.— ¿Quieres volver a empezar? murmura. — Sí.Me doy la vuelta, me subo sobre él. No hay más palabras. No hay más conciencia. Solo la necesidad.Lo guío dentro de mí, lentamente. Él gruñe, su boca abierta sobre mi cuello, sus manos aferradas a mis caderas.Esta vez, es lento, profundo, envolvente. Sus ojos están en los míos, y en ellos leo algo que me asusta.Me muevo contra él, me arqueo, me aprieto, y él me sigue. Cada embestida es precisa, intensa, controlada.Cuando llego, muerdo mi labio para no gr
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