SANAANo había planeado salir esta noche. Después de este día pesado en la formación, debería haber regresado a mi habitación y sumergirme en el silencio. Pero había este fuego en la parte baja de mi espalda, esta tensión sorda que se negaba a apagarse. Necesitaba moverme, respirar, sentirme viva, aunque fuera por un instante.Elijo un club discreto, lejos del tumulto turístico, un lugar donde los cuerpos hablan más fuerte que las palabras. Las luces son tenues, acarician la piel, la música vibra en el pecho, sincopada, hipnótica.Empujo la puerta, me borro en la penumbra, buscando un punto de referencia, una señal. El humo flota, las siluetas se entrelazan, se rozan, se desafían. Me fundo en la multitud, perdida deliberadamente, lista para perderme.Luego lo veo en la barra, solo, un vaso frente a él como un trono solitario. Su traje gris antracita está arrugado, su cuello abierto revela una piel prometida a mis caricias. Y esa mirada. Negra, profunda, que me despoj
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