ClaireEl invernadero se cierra tras de mí como un secreto demasiado pesado. La puerta gime, apagada, y al instante mi respiración se vuelve más corta. El aire es denso, saturado de humedad y de aromas embriagadores: flores hinchadas de savia, tierra húmeda, hojas que sudan. Cada inspiración me quema la garganta, como si el lugar mismo me obligara a tragar el peso de mi culpa.Y entonces veo a Antoine.Apoyado contra la mesa central, sus anchos hombros se dibujan en la penumbra. La luz turbia que se filtra a través de los cristales empañados acaricia sus rasgos. Su mirada está clavada en la mía, fija, impaciente, dispuesta a atraparme. Permanezco inmóvil un segundo, petrificada por la intensidad de sus ojos.Sus labios se entreabren con un suspiro ronco.—Has venido murmura, como si fuera una evidencia grabada de antemano.Quisiera protestar, decir que esto es un error. Pero mis manos traicionan mi pensamiento: se levantan solas, se posan contra su pecho firme, sintiendo bajo la tela
Leer más