La casa estaba demasiado silenciosa cuando Sophia Veyne cerró la puerta del dormitorio de Leonardo por décima vez esa noche. Sus ojos ardían por la falta de sueño, y sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía el monitor de bebé como si fuera un talismán contra el desastre.Eran las cuatro de la madrugada. Hacía siete horas que Liam, Igor, Stephano y Danna habían partido hacia el Hotel Hilton. Siete horas de silencio absoluto, porque las comunicaciones estaban cortadas por protocolo de seguridad. Siete horas en las que Sophia había alimentado, cambiado y mecido a Leonardo mientras su mente conjuraba cada escenario catastrófico posible.Podrían estar muertos, pensó, y el pensamiento fue tan visceral que tuvo que sentarse en el suelo del pasillo, la espalda contra la pared, respirando con dificultad.Leonardo había estado inquieto toda la noche. No lloraba exact
Leer más