Mundo ficciónIniciar sesiónLa suite presidencial del Hotel Hilton había sido diseñada para impresionar a magnates y diplomáticos. Techos de cuatro metros, candelabros de cristal checo, ventanales que enmarcaban Auckland como una postal nocturna. Pero en ese momento, con el olor a pólvora impregnando el aire acondicionado y los cuerpos de cinco guardias manchando el mármol italiano, parecía más un mausoleo que un palacio.
Don Salvatore Vidal permanecía de pi







