Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa luz de la mañana atravesaba las cortinas blancas de la casa en Remuera, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de madera clara. Emma Harrison —porque así debía llamarse ahora, así debía pensarse— observaba a Leonardo desde el umbral de la puerta. Seis meses. Su hijo tenía seis meses y jugaba con sus bloques de colores sobre la alfombra del salón, ajeno a la pesadilla que había definido su corta existencia.
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