CamilaMe senté en sus piernas, sus ojos febriles estaban fijos en los míos, con una mano me abrazaba y la otra se deslizaba sobre la piel desnuda de mi muslo, arrancándome un escalofrío. Estaba muy cerca de obtener lo que quería, de que él se rindiera y me dijera en qué andaba esa tarde.—Camila —murmuró con voz ronca, su aliento cálido cargado de deseo.Me incliné sobre su rostro apenas insinuando un beso y entorné la mirada. No era solo él, también yo sentía que me quemaba. El perfume varonil de su loción de afeitar, el brillo ardiente de sus ojos. Era un juego peligroso donde si no tenía cuidado, sería yo quien perdería.—¿Qué estabas haciendo en ese bar? —deslicé la pregunta con mi voz vestida de seda mientras mi dedo jugueteaba con el borde del cuello de su camiseta. Las pupilas intensas de Julián temblaron, un músculo en la línea de su mandíbula se tensó.—Camila… No investigues. Por favor, no sigas.Fue como un balde helado, toda la excitación que recorría mi cuerpo murió en
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