La mente de Russell fue un completo caos.Había sido abrumado por una serie de emociones y sensaciones que no le pertenecían. Miedo, dolor, tristeza… y sobre todo.«¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Que alguien me ayude!». Pensamientos ajenos resonaron en su mente. Nada de aquello fue suyo, pero aun así lo vivió en carne viva.«Jack ¡Jack!», una y otra vez, aquella voz femenina gritó su nombre. Aquel cúmulo de pensamientos, emociones y sensaciones alimentó la desesperación en Russell. Con ansias por buscarla, su cuerpo se movió por instinto, como una energía magnética que lo guió hacia ese llamado.Con sus garras mutiló y con su hocico arrancó los obstáculos en el camino, todo para ayudarla y protegerla, pero no la encontró.Hasta que despertó.Lo primero que vio fue el techo blanco. Luego los aparatos electrónicos y por último aquella pared traslúcida. Un científico le observó con sorpresa y avisó al resto.Russell le ignoró, cerró los ojos y buscó de nuevo en su mente para conectar con aquella
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