Russell estaba al límite.
―¿Señor está seguro de esto? ―preguntó Ulises.
El cuerpo del joven Beta tembló de miedo. Su jefe había permanecido quieto durante dos horas en el mismo sitio.
Parecía una estatua viviente con la mirada posada en el gran ventanal del edificio. Ya ni sabía si estaba admirando la ciudad o solo estaba inmóvil.
Uno de los científicos del laboratorio de Gloria terminó de preparar la jeringa. Tomó la bandeja con el objeto con sus manos envueltas en guantes clínicos.
―Todo est