Russell estaba feliz y aliviado.Su preciosa esposa por fin se había recuperado. Pero notó algo distinto en ella. Cerró los ojos por un momento, percibió odio, impotencia y miedo. Ella estaba atrapada en los recuerdos de la torturada.―Salgan ―dijo Russell.El personal obedeció. Menos, Ulises y Roger. La loba no paró de gruñir a Russell con el hocico arrugado y los dientes expuestos. Ciega por el cúmulo de emociones negativas, ladró en advertencia. Sus ojos no pararon de enfocar en los tres hombres.―Ustedes también, salgan ―ordenó de nuevo.Ambos tuvieron duda, pero salieron de todas formas. Russell estuvo a solas con ella. Sonrió cono ojos iluminados. Admiró a la hembra, fuerte y saludable, pero marcada por el trauma.―Mi amor, lo siento. No sabes cuanto me arrepiento, debí hacer muchas cosas como acompañarte en ese viaje. Tal vez, nada esto hubiera pasado. ―Russell intentó acercarse a ella, pero la loba ladró.Él estiró la mano para que ella reconociera su olor, pero la loba mordió
Leer más