El despacho de Adara estaba impecable esa mañana.Tenía dos días que había retomado su rutina. Quería adaptarse, volver a lo que era, a lo que amaba; sin embargo, tanta calma era demasiado abrumadora.Demasiado.Todo estaba impecable, las superficies ordenadas en una meticulosidad casi obsesiva, los archivos alineados, la laptop abierta sin un solo documento activo. Vestía un traje sobrio, gris oscuro, las líneas de éste eran limpias, sin adornos. Se veía profesional, intachable. Como siempre se veía. Como si en esta oportunidad la pulcritud externa pudiera compensar el desorden que llevaba dentro.Jazz seguía en silencio. No ausente, ni replegada.Adara pese a que llevaba pocos días sin sentirla, se había acostumbrado a esa sensación incómoda, como un músculo que antes respondía de inmediato y ahora tardaba en reaccionar. Se decía que era cansancio, estrés, o duelo.Mentía.El sonido del correo entrante rompió el aire.Fue apenas uno solo.Lo abrió de inmediato y el asunto la hizo fru
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