554. Cuando dejo de ser solo Névara.
El dorado ya no es calor.Es conciencia.Me atraviesa, me ocupa, me observa desde dentro. No invade con violencia; se expande como si siempre hubiera tenido derecho a estar aquí. Mi cuerpo sigue arrodillado en el archivo subterráneo, pero mi percepción… se eleva.Veo a Kael intentando llegar hasta mí. Veo a Mael recomponiendo su sombra con una precisión tensa. Veo a la guardiana retrocediendo, satisfecha.Y veo algo más.Hilos.Conexiones invisibles entre nosotros tres.El vínculo con Kael brilla intenso, ardiente, inquebrantable.La sombra de Mael, incluso fracturada, mantiene un anclaje sutil hacia mí.No eran piezas aisladas.Éramos estructura.Tres voluntades. Un catalizador.La voz no suena externa.Es interna.Y no suena enemiga.Suena antigua.—Névara, mírame.La voz de Kael atraviesa la niebla dorada.Lo hago.Su rostro está marcado por el dolor, pero su mirada es firme. No miedo. No rechazo.Determinación.—Vuelve —dice, acercándose pese a la energía que vibra entre nosotros.
Leer más