552. Una presencia.
La alarma no suena como advertencia.
Suena como cuenta regresiva.
El eco metálico vibra en las paredes y atraviesa el vínculo como una onda expansiva. Mi pulso se sincroniza con el de Kael al instante. Rápido. Tenso. Listo.
Mael ya se dirige a la puerta.
—No es un ataque frontal —dice mientras avanza—. Es quirúrgico.
—¿Cómo lo sabes? —pregunta Kael.
—Porque yo habría entrado así.
No hay arrogancia en su respuesta. Solo verdad.
Salimos al corredor. Guardias corren hacia la torre central. El aire