553. Me rodea a mí.
La palabra entidad sigue vibrando en mi cabeza.
No como amenaza externa.
Como eco interno.
El dorado bajo mi piel ya no es solo energía compartida con Kael. Hay una tercera pulsación. Más lenta. Más antigua.
La guardiana nos observa en silencio, como si esperara que el miedo haga el trabajo por ella.
—Ven conmigo —repite—. Aún puedo contenerla.
Kael aprieta mi mano.
—No vas a ir a ninguna parte.
Mael mantiene su sombra extendida, firme como un muro.
Por un instante creo que estamos alineados.
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