554. Cuando dejo de ser solo Névara.
El dorado ya no es calor.
Es conciencia.
Me atraviesa, me ocupa, me observa desde dentro. No invade con violencia; se expande como si siempre hubiera tenido derecho a estar aquí. Mi cuerpo sigue arrodillado en el archivo subterráneo, pero mi percepción… se eleva.
Veo a Kael intentando llegar hasta mí. Veo a Mael recomponiendo su sombra con una precisión tensa. Veo a la guardiana retrocediendo, satisfecha.
Y veo algo más.
Hilos.
Conexiones invisibles entre nosotros tres.
El vínculo con Kael bril