556. El precio del deseo.
El silencio que deja su entrada es espeso. Se instala entre los tres como una amenaza latente.
Lo miro.
A él.
Al hombre que acaba de cruzar esa puerta con la seguridad de quien sabe que tiene ventaja. Oscuro. Elegante. Imperturbable. Sus ojos no vacilan cuando encuentran los míos.
—La verdad completa —repito, saboreando las palabras.
Mi pulso sigue acelerado por el beso anterior. Mi piel todavía vibra. Soy consciente de eso. Él también lo nota. Su mirada baja apenas un segundo hacia mis labios