551. Tres voluntades y un mismo fuego.
El dolor de Kael me atraviesa como si fuera mío.
No es metáfora. Lo siento en el estómago, en el pecho, en la garganta. El sello que el Consejo ha activado no lo hiere físicamente; comprime su energía. La aprieta hasta asfixiarla.
Y el vínculo amplifica cada pulsación.
Lo sostengo con fuerza.
—Respira conmigo —le ordeno en voz baja.
Mael ya no es espectador. Se acerca, serio, concentrado. La ligereza provocadora ha desaparecido. Ahora veo algo distinto en él: cálculo estratégico. Oscuridad disc