514. Cuando el deseo confunde urgencia con derecho.
No espero la notificación oficial porque ya no opero en ese tiempo, y cuando la alerta llega —tarde, mal formulada, cargada de eufemismos— mi cuerpo ya está en movimiento, no huyendo sino desplazándose hacia el lugar exacto donde el error de Keth necesita completarse para volverse visible, porque hay fallas que solo se revelan cuando quien las comete cree estar a punto de corregirlas.La ciudad baja el volumen a esta hora, pero no duerme, y ese estado intermedio me favorece, me permite atravesar capas de vigilancia con la facilidad de quien ya ha sido expulsada del marco principal, convertida en ruido de fondo, en figura que no merece seguimiento continuo, y mientras avanzo siento cómo el vínculo interno se ajusta a mi paso, una sincronía silenciosa que no ordena ni impulsa, simplemente acompaña, sosteniendo una tensión dulce, casi erótica, que nace de sabernos alineados sin necesidad de confirmarlo.Keth ha convocado algo que no puede nombrar como intervención directa sin exponerse,
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