508. La arquitectura del deseo expuesto.
No me interrogan de inmediato, y esa demora es el verdadero interrogatorio, porque me dejan sola en una estancia demasiado limpia, demasiado luminosa, diseñada para que el cuerpo no tenga dónde esconder sus reacciones, y mientras espero empiezo a entender que la Custodia Clara no necesita respuestas sino desplazamientos, pequeños ajustes en la percepción pública que conviertan cualquier gesto mío en confirmación de su relato.El aislamiento no corta el vínculo con Aeshkar, lo vuelve más fino, más preciso, y su presencia se repliega hasta un punto casi imperceptible desde el cual observa conmigo, sin juicio ni consuelo, como si supiera que esta fase exige una desnudez distinta, no del cuerpo sino de la intención, porque ahora cada pensamiento mío tiene consecuencias externas.Cuando finalmente entran, no son inquisidores sino mediadores, figuras nuevas con nombres cuidadosamente neutros, rostros que no cargan pasado visible, y comprendo que este es uno de los giros más peligrosos: no m
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