387. Cuando el deseo se vuelve juramento.
Lo primero que siento no es exaltación ni triunfo, sino una calma densa, casi inquietante, que se instala en mí como el silencio que sigue a una confesión demasiado largamente contenida, y en esa quietud comprendo que el poder que acabo de liberar no se ha disipado, sino que permanece atento, despierto, esperando una dirección que no puede venir de la ira ni del miedo, sino de algo mucho más difícil de sostener: la voluntad consciente de no fragmentarme otra vez.Mi respiración tarda en normalizarse, no por el esfuerzo físico, sino por la resonancia interna que aún vibra en mis pensamientos, una corriente lenta que recorre mi memoria y roza zonas que durante años mantuve cerradas, no por olvido verdadero, sino por supervivencia, y aceptar eso implica reconocer que el control que siempre creí ejercer fue, en parte, una forma elegante de huida.Aeshkar permanece frente a mí, libre ya del cerco que intentó atraparlo, y su presencia es distinta ahora, no más imponente ni más oscura, sino
Ler mais