220. No iba a dejarte esperando.
El palacio duerme, y por primera vez en mucho tiempo siento que el silencio no me acecha como una amenaza, sino que me cubre con un manto suave, casi cómplice. Las sombras se deslizan por los muros como amantes discretos, y yo avanzo con pasos medidos hasta el umbral donde él me espera, el emisario, de pie junto a la luz mortecina de una lámpara que parece resistirse a apagarse del todo, como si también quisiera contemplarnos.Cuando cruzo la puerta, sus ojos se encienden con esa calidez que rara vez muestra, y entonces comprendo que la noche no nos pide máscaras ni estrategias, que el tiempo de la farsa queda afuera, y que lo que nos queda aquí dentro es desnudo, frágil, sincero.—Pensé que no vendrías —me dice en un susurro, su voz cargada de un alivio que me atraviesa la piel.Me acerco sin prisa, dejándome envolver por la expectación que flota en el aire, y cuando estoy a un paso de él, le tomo el rostro con ambas manos, acariciando con mis pulgares la dureza de su mandíbula.—No
Leer más