La iglesia estaba llenísima, como siempre, pero se veía que le habían metido mano. Después de los arreglos que le hicieron, el lugar se veía mucho más impresionante. Raina se detuvo justo en la entrada y levantó la vista...Esa imagen de Cristo, donde antes le habían rayado groserías y maldiciones, ya estaba como nueva. No quedaba ni rastro de toda esa cochinada que le habían hecho.—Ya no es la misma —murmuró Raina. Sin saber por qué, sintió un hueco en el pecho.Iván, al verle la cara de tristeza, le apretó la mano con más fuerza.—Lo malo hay que borrarlo, Raina. Además, nunca hubo ninguna maldición. La mala leche de la gente es mucho más peligrosa que cualquier otra cosa.Empezaron a caminar despacito por los jardines de la iglesia. El sol se colaba entre las ramas de los árboles, llenando el piso de parches de luz. Poco a poco, Raina sintió que el cuerpo se le iba aflojando. Parecía que, después de todo, el lugar sí servía para limpiar el alma.—¿Estás cansada? Si quieres nos se
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