Colgó la llamada y se quedó mirando a la nada, pasándole el dedo al borde del celular. Aunque el aire acondicionado de la oficina estaba a tope, sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda. Tenía una opresión en el pecho, como si le faltara el aire de repente.Se levantó y se acercó al ventanal, pero vio que el cielo se había puesto gris de golpe. Las nubes estaban tan bajas que parecía que el cielo se nos iba a caer encima en cualquier momento.—¿Señorita Raina? —Gabriel, su asistente, tocó a la puerta y asomó la cabeza—. Le traigo el análisis financiero que me pediste.—Déjalo ahí en el escritorio —contestó ella, tratando de volver a la realidad. Al agarrar los papeles, notó que Gabriel se quedaba ahí parado, dudando—. ¿Pasa algo más?—Me avisaron de recepción... —Gabriel vaciló un poco— que llegó un paquete urgente para usted. El que lo manda solo puso: "un viejo amigo".Raina soltó los papeles y frunció el ceño.—Yo no encargué nada.—¿Quiere que lo regrese?—No, no te pr
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