A Raina le brillaban las lágrimas bajo la luna.—Iván, no... por favor, bájate de ahí, ¡te lo suplico!Cuando a Iván le faltaban apenas unos tres metros para llegar a ella, el secuestrador le picó al control remoto.El brazo mecánico de la grúa giró bruscamente e Iván, sorprendido, salió despedido por la fuerza centrífuga.—¡No! —el grito de Raina cortó el aire, lleno de puro terror.De puro milagro, Iván alcanzó a manotear y se agarró del borde de la estructura. Se quedó ahí colgando en el vacío, aguantando todo su peso nada más con la punta de los dedos.—¡Iván! —Raina empezó a forcejear desesperada y la silla se puso a dar bandazos de un lado a otro.Abajo, el secuestrador se soltó riendo como un loco.—¡Ay, pero qué tierno! ¡El gran Iván Herrera dando la vida por su princesita en apuros!Iván apretó los dientes. Sentía que los brazos se le iban a reventar del esfuerzo. Poco a poco, como pudo, se fue jalando hacia arriba hasta que alcanzó a agarrarse de una viga firme.—¿Creías qu
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