Escucho pasos suaves a la distancia; los mismos me sacan del adormecimiento. No son apresurados, avanzan con cuidado, pero el sonido que hacen contra el suelo me llega a los oídos, amortiguado y poco a poco se vuelve más nítido para mí.No me sobresalto, no me asusto por oírlos. Yo solo respiro con calma aun con los ojos cerrados.Un aroma a jazmín se cuela en mis fosas nasales cuando inhalo a fondo. Logro también percibir un aroma más fresco que me parece ser limón o algún otro cítrico.Abro los ojos despacio y en seguida la luz me obliga a cerrarlos de nuevo. No es una luz que me encandile, pero sí me molesta. Los párpados me pesan, pero me obligo a moverlos hasta abrir los ojos por completo y, de inmediato, siento el castigo en mi cuerpo. Está pesado, cansado, hundido sobre el colchón.Mis propias extremidades tardan en obedecerme y cuando intento incorporarme, un leve mareo me azota. La presión me incomoda detrás de los ojos y un dolor de cabeza, punzante, molesto, pero soportable
Leer más