Lucy levanta la cabeza y lo mira. Sawyer sigue ahí, con el cabello algo desordenado y la camisa fuera de lugar después de lo que acababan de compartir. Podría jurar que nunca se acostumbrará a esa sensación: la de tenerlo cerca, la de saber que, a pesar de todo lo que los rodea, él es suyo. Y no porque lo diga con palabras, sino porque lo siente en su piel, en su pecho, en cada parte de su ser que arde cuando lo toca.Nunca pensó que un hombre pudiera hacerla tan feliz. No con todas las cargas que lleva a cuestas, no con los problemas que tienen en contra. Pero cuando él la besa, el mundo desaparece. Cuando la envuelve entre sus brazos, nada más importa.Una sonrisa aparece en su rostro, suave, casi infantil. No sabe por qué, pero estar así con él la hace sentirse más atrevida. Quizás es el secreto, el riesgo de que los descubran, esa chispa de peligro que los rodea cada vez que se esconden para amarse.—Estamos locos, ¿verdad? —le pregunta Lucy, con un brillo travieso en los ojos.Sa
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