Finjo no escuchar y avanzo hasta la mesa de noche, acomodo mi cabello con crema para peinar y me voy al baño. Cuando regreso abro el armario con desesperación, y me doy cuenta de que no tengo una miserable pieza de ropa para ponerme. Bufo para mí misma , olvidando casi , qué él permanece sentado sobre la cama , como un zombie. Me giro hacia él, desenfocada de mi día . —Abre tu maldito departamento, para sacar ropa—le órdeno, cada letra marcada por ira. Él se pone de pie al fin , y me obedece sin desafiarme siquiera. Abre su departamento y entra hasta la habitación como un muñeco mecánico de feria. Blanqueo los ojos y no me queda de otra que seguirlo, se detiene frente a su clóset y abre la puerta con rapidez. El primer vestido que diviso, es el de tela fina con flores enormes hasta las rodillas, así que para no romper mi dignidad y dirigirle la palabra, lo arrebato y me visto. No recordaba que este vestido antiguo lleva botones hasta el cuello, es realmente incómodo, pero ya
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