—¿Cómo... Pero en esta época ya existías? —pregunto impaciente, no sé si es correcto o demasiado exagerado.
Arleen sonríe y niega con la cabeza , sacudiendo prácticamente todo el cuerpo.
—Sí mi abuelo... Adrián. —dice y avanza recorriendo la manzana con la vista en un trozo de papel que lleva en la mano .
De repente se detiene, una casa muy modesta finaliza la manzana, la fachada es de madera antigua y el cercado algo rústico.
Ella abre la puertecita de la entrada con suma naturalidad.
Se