Hierba podrida.
Los ojos de Arleen se abren nuevamente, cómo dos pozos sin fondo.
—¿Qué? —pregunta petrificada, solo su cabello rubio se mueve al viento.
—Sam jura que no pasó, pero tenía pequeñas premoniciones de los momentos, así que necesito aclarar esto... Por favor —mis palabras suplicantes contrastan con mi rostro magullado por la desesperación.
Así que Arleen acepta y regresamos a la construcción a medias .
—No estoy segura de esto Estela ¿Lo estás ?—insiste y sus ojos recorren mi rostro con desespe