El ancla.
Volteo a los lados y sacudo la cabeza para despertarme, pero el papel sigue ahí.
Lo tomo entre mis manos, y el efecto no desaparece.
Es un dibujo torpe, hecho con crayola blanca . Una silueta deformada sobre lo que parece ser una silla… supongo que es Sábela. Al otro extremo, una rata diminuta. Y debajo, el símbolo del yin y el yang, trazado con lápices.
Frunzo el ceño.
Supongo que el tercer ojo de Andrés intenta ayudarme.
Me guardo el papel en el bolsillo del pijama y regreso a la habitación.