Mansión invisible.
El silencio se apropia del momento durante unos minutos más.
—¿Vamos a la mansión de Kaela? —digo de repente.
Sam me mira con los ojos abiertos, sorprendido.
Asiente, aunque noto cómo se incomoda apenas, un gesto casi imperceptible.
—Debo saber más. Si viene por el pacto deshecho, debe irse… no puede estar aquí —explico, aferrándome a la idea como si fuera lo único sensato en medio del caos.
Pero una llamada telefónica rompe el hilo de mis pensamientos.
Sam responde entre dientes y, sin previo