Valeria pasó la noche sin dormir.A las tres de la madrugada, la sala principal del búnker se había transformado en un centro de operaciones improvisado. La mesa de roble macizo que normalmente sostenía arreglos florales de Carmen ahora estaba cubierta de documentos esparcidos, fotografías impresas y una laptop abierta mostrando archivos de seguridad. El aire olía a café recalentado y al tipo de tensión que precede a las revelaciones que cambian todo.Enzo había estado en silencio durante las últimas dos horas, estudiando una fotografía en particular con una intensidad que Valeria reconocía. Era la expresión que adoptaba cuando construía teorías, cuando conectaba puntos que otros no veían. La imagen mostraba a dos hombres jóvenes, quizás de veinticinco años, de pie frente a lo que parecía ser un yate privado. Uno de ellos era inequívocamente el padre de Enzo, con esos mismos ojos grises que su hijo había heredado. El otro era Marcus Webb, aunque más delgado, con menos canas y una sonri
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