La puerta sonó a las once de la noche con una insistencia que no presagiaba nada bueno.Valeria levantó la vista del portátil donde había estado revisando los últimos correos de la fundación, su cuerpo tensándose automáticamente ante cualquier interrupción a esa hora. Enzo ya se había levantado del sofá, su mano moviéndose instintivamente hacia el teléfono donde tenía en marcación rápida al equipo de seguridad.—Quédate aquí —murmuró él, caminando hacia la entrada con esa cautela que los últimos meses habían convertido en segunda naturaleza.Pero Valeria lo siguió de todos modos, incapaz de quedarse sentada mientras la incertidumbre se extendía por la casa como niebla tóxica. Observó desde el umbral de la sala cómo Enzo revisaba la pantalla de seguridad junto a la puerta, su expresión pasando de alerta a confusión pura.—¿Quién es? —preguntó ella, acercándose.Enzo no respondió inmediatamente, sus ojos fijos en la imagen que mostraba el monitor. Finalmente, con voz que sonaba más desco
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