La pantalla del teléfono se oscureció en el preciso instante en que Lorenzo se desplomó en el video. Valeria sintió cómo el mundo se inclinaba bajo sus pies, un vértigo que no tenía nada que ver con el movimiento del convoy blindado que aceleraba por las calles de Málaga. El grito que escapó de su garganta fue primitivo, desgarrado, el sonido de algo rompiéndose irreparablemente en su interior.—¡Lorenzo!Enzo la sujetó antes de que pudiera lanzarse hacia la puerta del vehículo, sus brazos cerrándose alrededor de ella con una fuerza que bordeaba lo doloroso. Valeria forcejeó contra él, sus manos arañando el aire como si pudiera atravesar la distancia que los separaba de su hijo mediante pura voluntad.—Suéltame. Suéltame. Tengo que——Valeria, para. —La voz de Enzo era áspera, quebrada—. Para.El Comandante Morales se giró desde el asiento delantero, su rostro una máscara de profesionalismo que no lograba ocultar completamente la tensión en su mandíbula.—Señora Costa, necesito que resp
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