Mundo ficciónIniciar sesiónValeria estaba paralizada en la terraza del hospital, el teléfono todavía contra su oído, la foto de Lorenzo durmiendo quemándose en su retina. La voz de Vincenzo regresó, más fría ahora, toda la calidez anterior evaporada.
—Tienes ocho horas, Valeria. Tick tock.
La llamada se cortó.







