La madrugada en Moscú tenía un sonido distinto cuando llovía. Las calles empapadas, bajo la luz tenue de los faroles, parecían reflejar secretos antiguos. La mansión Baranov, majestuosa y silenciosa, dominaba la colina como un guardián oscuro. Afuera, la lluvia golpeaba con suavidad los ventanales altos, creando un murmullo constante que se mezclaba con el parpadeo ocasional de los relámpagos en la distancia. Dentro, el ambiente era cálido, aunque no menos intimidante. El salón principal, con sus cortinas de terciopelo oscuro y los candelabros antiguos, ofrecía un respiro del clima, pero no del poder que se respiraba en cada rincón. Alexandra Morgan se había quitado el abrigo empapado apenas cruzó la puerta. La tela había absorbido el olor de la lluvia y el frío de la madrugada. Ahora, de pie junto a una de las ventanas, observaba cómo el agua resbalaba en hilos finos por el cristal. El fuego en la chimenea proyectaba sombras en su rostro, acentuando la serenidad con la que ella par
Leer más