Capítulo 263. Lacayo.
El polinesio cortó la llamada, volviéndose hacia quien se le ponía a la par.—¿Te gusta la expedición?— le preguntó al hombre de cabello con matices blancos, al igual que su barba. —Nunca creí que en verdad harías una— su padre no iba a quedarse sin recriminar el haberlo encontrado a él y a sus amigos, en una carretera de poco tránsito, luego de que este le dijera que estaría en otro lugar. —Eres malo para mentir.—Tu radar— ambos observaron al hombre al costado de Tane, el cuál seguía en silencio. Dejaron de hacerlo para verse ellos, al saber la hora y distancia medida. —Creí que eran más por los años que ya te pasan factura.—Cuidado con esa boca, niño, apenas estás aprendiendo a caminar —el hombre de cuarenta y ocho años, expulsó el aliento que se convirtió en humo al salir de su boca. —Aquí nos separamos. En la pista nos encontramos. Sin faltar. No le estaba haciendo una solicitud, sino una exigencia. Alastor Scavo era socio de muchos, pero amigo de ninguno. Aunque, nadie como
Leer más