Capítulo 267. Claridad difusa.
Una orda de plomo se cernía sobre ellos, forzándolos a dejar el perro inerte, aún tibio, para evitar caer con él. Perdieron todo raciocinio y claridad, porque ahora lo único que les importaba era que sus cuerpos se cubrieran perfectamente con la corteza que recibía balas desde todas las direcciones.
Las astillas volaban. Las nubes de nieve se levantaban. Esa frialdad inhumana, de una guerra declarada se volvía irrespirable para cada uno de los bandos.
Cuerpos caían a ambos lados. Las balas