Lyra estuvo ocupada los siguientes días, ser la Luna de la manada Norte no era tan fácil y debía cumplir con sus obligaciones, aunque también era la única forma de no perderse entre sus propios pensamientos. Entre los entrenamientos, la organización de los refugiados y las reuniones con Ragnar, apenas tenía tiempo para respirar. Era su escudo contra la culpa, contra esa voz insistente que le recordaba a Sena, encerrada por sus propias acciones.Aquella mañana caminaba entre los refugiados, verificada que estuvieran bien de salud, que tuvieran lo necesario, que estuvieran cómodos, aunque ellos siempre mostraban cierto tono hostil, ella prefería ignorarlo y seguirlos tratando con amabilidad. Erian, el Beta que los dirigía hasta ahora, la abordó en medio del salón. —Luna Lyra, es un gusto verla con nosotros, me permite un minuto. —Por supuesto, ¿necesitas algo? —Es más bien, una pregunta… ¿usted sabe dónde está Sena? —miró a los ojos a Lyra—. Hace días que no la vemos, ¿está bien?Ly
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