Los primeros días con los visitantes en el campus pasaron con una naturalidad que, al principio, me pareció casi sospechosa. Durante tanto tiempo habíamos discutido la posibilidad de abrir el proceso a otras instituciones que, cuando finalmente ocurrió, esperaba algún tipo de fricción inicial, alguna incomodidad visible en la dinámica cotidiana.Pero eso no ocurrió.Los investigadores se movían entre los edificios con discreción, asistían a seminarios, observaban conversaciones estudiantiles, tomaban notas con esa mezcla de atención y cautela que caracteriza a quienes saben que están mirando algo que todavía no comprenden completamente. Y el campus, por su parte, continuaba funcionando como siempre.Tal vez Zoe tenía razón.Tal vez un proceso realmente estable no se altera demasiado por la presencia de observadores.Aun así, había pequeños momentos donde la presencia externa producía efectos interesantes.Uno de esos momentos ocurrió durante la tercera tarde de su estancia.Habíamos o
Leer más