Hubo una tarde en particular en la que empecé a notar algo que hasta ese momento había pasado casi desapercibido, no porque no estuviera presente, sino porque su propia naturaleza lo hacía difícil de identificar. Era una cualidad del ambiente, una especie de capa silenciosa que sostenía muchas de las conversaciones sin formar parte explícita de ellas.Tenía que ver con lo que no se decía.Durante años, el proceso había estado marcado por un esfuerzo consciente por mejorar la calidad del lenguaje: evitar la sobreexplicación innecesaria, reducir el dramatismo, permitir que las ideas se expresaran con claridad sin necesidad de envolverse en capas de validación o defensa anticipada. Habíamos hablado mucho de eso, lo habíamos analizado, lo habíamos practicado deliberadamente.Pero ahora empezaba a ocurrir algo distinto.Las conversaciones no solo eran más precisas, como habíamos venido observando durante semanas, sino que comenzaban a adquirir una cualidad más difícil de describir, algo qu
Ler mais