ZOEEl laboratorio móvil estaba en silencio, pero no era un silencio natural. Era el silencio de la espera, del control absoluto, del miedo contenido. Sentada frente a la proyección, sentí cómo mi implante vibraba de manera diferente: más rápida, más insistente, como si tratara de advertirme que algo estaba cambiando dentro de mí. Algo que no era mío.Las imágenes comenzaron a moverse, al principio familiares: momentos de mi infancia, recuerdos que creía intactos, cuidadosamente almacenados en la cápsula de mi memoria. Pero pronto algo se torció. Las caras empezaron a moverse de manera extraña, los gestos cambiaron, los tonos de voz se distorsionaron. Y entonces lo sentí: alguien estaba manipulando mis recuerdos.Era él. Ethan.No había contacto físico, ni amenaza directa, ni palabras audibles. Todo era más insidioso. Su presencia se filtraba a través del archivo, una sombra que reescribía cada instante, ajustando emociones, alterando percepciones. Cada recuerdo que yo había considera
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