DANTE
El frío del despacho me recorrió como un golpe directo al pecho. Las paredes estaban cubiertas de mapas, proyecciones de movimientos y nombres, pero nada de eso importaba ahora. Cada dato, cada cifra, cada informe parecía irrelevante frente a la traición que acababa de recibir.
El mensaje llegó como un cuchillo envuelto en silencio: uno de los clanes que había apoyado mi ascenso, que había compartido contratos, territorios y secretos, se retiraba. La excusa era simple, calculada: yo estab